La resiliencia es la capacidad de adaptarnos a situaciones difíciles, recuperarnos y seguir adelante, incluso cuando la vida no vuelve a ser exactamente como antes. No se trata de “aguantar todo” ni de enfrentar la adversidad en soledad, sino de reconocer nuestras fortalezas, aprender de las experiencias difíciles y buscar apoyo cuando lo necesitamos.
Ser resilientes nos ayuda a cuidar nuestra salud mental y emocional. Cuando contamos con herramientas para enfrentar el estrés, la pérdida o la incertidumbre, es más probable que podamos proteger nuestro bienestar y reducir el impacto negativo de la adversidad. La falta de resiliencia, especialmente cuando se combina con estrés constante o aislamiento, puede afectar nuestra salud mental y contribuir a condiciones como depresión o ansiedad.
Es importante reconocer que la adversidad es compleja, incluso para personas resilientes. La resiliencia no elimina el dolor ni las dificultades, sin embargo, sí nos brinda recursos para atravesar esos momentos difíciles.. Después de la adversidad, es posible que la vida no regrese a lo que era antes, pero también es posible recuperar la estabilidad emocional, la esperanza y el sentido de bienestar.
¿Qué influye en nuestra resiliencia?
Cada persona enfrenta la adversidad de manera distinta. Nuestra capacidad de resiliencia puede verse influida por múltiples factores:
Fortalecer la resiliencia es posible
La resiliencia se puede aprender y fortalecer con el tiempo. Todas las personas tenemos la capacidad de desarrollarla, especialmente cuando contamos con apoyo y recursos adecuados. Algunas formas de hacerlo incluyen:
Este recurso promueve la resiliencia y busca apoyar conversaciones abiertas y sin estigma sobre el bienestar emocional en nuestras comunidades.. El recurso puede imprimirse y adaptarse para su uso en espacios comunitarios, educativos o de acompañamiento, incluyendo el logo de su organización.
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